Sandra Ferrús escribe, dirige e interpreta La Panadera, que llega este sábado al Teatro Villa de Molina

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La panadera es esa mujer que todos los días vamos a visitar, una de las personas más conocidas del barrio. Cuando algo le pasa a la panadera, rápidamente es sabido por todo su entorno, un hecho que puede acarrear grandes sufrimientos para ella y su familia. Este es el caso de Concha, la panadera que se despierta un día con a noticia de que un vídeo suyo de contenido sexual, de hace más de 15 años, sale a la luz.

De la mano del Centro Dramático Nacional, la dramaturga, directora y actriz de «La Panadera», Sandra Ferrús, presenta el sábado, a las 20 horas en el Teatro Villa de Molina, una obra llena de sentimientos y que Ferrús nos cuenta en La Sala T de Radio Compañía cómo lo vivió desde los mismos inicios. «Creo que escribir y dirigir la función es el mejor tándem. Hay muchas cosas que retroalimentan la una a la otra. Creo que yo no he terminado de escribir la función hasta el último día de ensayos. De hecho, cuando estamos haciendo la función, todavía cambio alguna cosita de texto», explica.

Ferrús (Alzira, Valencia, 8 de marzo de 1979) justifica la selección de la profesión de la protagonista en el hecho de que «las panaderías suelen tener esa cristalera en la que se puede ver a la panadera a través de ella. Este hecho me parecía importante para la obra, que el personaje principal trabajara de cara al público y con esa exposición que tiene en su propio centro de trabajo».

La Panadera cuenta la historia de Concha, una mujer de cuarenta años, encargada de una panadería, casada, con dos hijos. Una mujer con una vida tranquila y feliz que un día se despierta con la noticia de que por las redes sociales corre un vídeo íntimo suyo manteniendo relaciones sexuales con una pareja que tuvo hace 15 años. El vídeo sale ahora a la luz y se extiende de manera incontrolada porque ese hombre se ha hecho famoso en Italia gracias a un reality televisivo.

«Yo creo que Concha [la protagonista] empieza sin entender nada. Ni se acordaba del vídeo. Es una mujer que podría ser yo, mi hermana, mi vecina, mi amiga… Con una vida común, tranquila y esto le pone boca abajo, tanto a ella como a sus seres más cercanos», relata Sandra Ferrús.

La desnudez, la rabia, la impotencia, la vergüenza y el dolor salpican a todos sus seres queridos. Desde su padre, Ramón, un hombre de campo, nacido en el treinta y ocho, a su hijo, Gael, un niño de once años, al que trata de ocultar lo acontecido, pero que sabe manejar un ordenador infinitamente mejor que ella, hasta su marido, Aitor, que intenta acompañar a Concha en el dolor, pero que no puede evitar dejarse invadir por el juicio social. Los mensajes cibernéticos sin piedad que, escondidos tras perfiles sin nombre, opinan, se mofan, y deshumanizan, llegan, y Concha tendrá que luchar para que el miedo, el dolor, las creencias, lo aprendido no la derroten. Intentando que su entorno familiar y social no salte por los aires.

«La Panadera es un deseo de parar la cadena, de romper creencias, de tomar conciencia y dar confianza y soporte. Es un deseo de unión, es un abrazo, es esperanza», indica la actriz y dramaturga

 

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