Las averías del grifo no entienden de coronavirus

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Los grifos del baño, la caldera o los electrodomésticos pueden estropearse, como en cualquier época del año, porque ellos no entienden de coronavirus. Los trabajos cotidianos se convierten en algo excepcional en la época de la Covid-19. Pero estos servicios, como los de fontanería a domicilio, están permitidos. Eso sí, tienen unos protocolos de actuación para poder cumplir con las recomendaciones de seguridad fijadas por el Gobierno con el fin de evitar contagios que propaguen aún más el virus.

En la empresa de fontanería Laude, ubicada en Molina de Segura, lo tienen claro y así están actuando en las prestaciones que realizan tanto a empresas como a particulares. Uno de sus cuatro empleados es Fulgencio López Gambín, que esta semana se ha reincorporado a la faena tras dos semanas en las que, voluntariamente, decidió quedarse en casa. Aclara que la empresa ha seguido trabajando, pero él decidió apartarse unos días para luego recuperar las horas como establece el decreto del Estado de Alarma. “Estaba con miedo porque la familia está encerrada en casa y me daba un poco de respeto estar entrando y saliendo por mi mujer y por los críos”, indica.

Además, en su caso está aún más que justificado porque tiene alergia y asma, por lo que suele llevar un inhalador en el trabajo. “A veces da apuro”, admite. En los servicios que presta de instalación o reparación de fontanería, calefacción o aire acondicionado, Fulgencio lleva guantes, mascarilla e, incluso, gafas. “Las gafas me las suelo poner no sólo por el coronavirus, sino porque hacemos taladros y así me protejo los ojos”, explica.

Fulgencio López Gambín, trabajador de Fontanería Laude

En obras particulares, los inquilinos suelen ser los que deciden marcharse a otra habitación para no coincidir con el trabajador. Igualmente, el cliente que recibe la visita de un electricista o de un fontanero, debe tomar precauciones. No deben tocarse ni acercarse a menos de un metro de distancia y debe pedirle al profesional que haga uso de sus equipos de protección individual, porque toda precaución es poca en esta crisis sanitaria.

Pero el fontanero molinense indica que no ha tenido problema alguno con sus clientes. “Cuando estoy en una fábrica, cada hace su trabajo y lleva sus medidas de protección”, apostilla. “Pero estamos expuestos”, reconoce Fulgencio.

Aunque ha estado desconectado quince días, es consciente de que estos gremios han notado un descenso de su actividad, puesto que los clientes tan sólo suelen hacer uso de sus servicios en situación de máxima necesidad o de urgencia. Pero la empresa de Fulgencio López mantiene un ritmo similar al de antes de la crisis. “Seguimos igual y no podemos quejarnos”, señala.

Fulgencio, que ha retomado la faena en una fábrica de Las Torres de Cotillas, tiene claro que a esta crisis sanitaria por la Covid-19 “le queda bastante y va para largo”. Incluso, va más allá y considera que, a medio plazo podrá volver la normalidad, “pero habrá épocas en que tengamos que encerrarnos una semana”, advierte.

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