El párroco de Torrealta recuerda el terremoto de Lorca: «Creía que habían puesto una bomba en la iglesia»

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El cura de la iglesia Nuestra Señora de los Remedios, en la pedanía molinense de Torrealta, Luis Gomariz Hernández, era el párroco de la iglesia de San José de Lorca cuando tuvo lugar el trágico terremoto en la Ciudad del Sol, el 11  de mayo de 2011. En una entrevista con Radio Compañía recuerda todo lo vivido y sufrido en aquella cruenta tarde, cuando él estaba en el interior de la parroquia preparando las comuniones del mes de mayo. «Empezaron a caer las cornisas como si fueran papeles y creía que habían puesto una bomba en la iglesia», relata el sacerdote molinense.

La tierra tembló, como otras tantas veces y también como otras tantas veces, hubo repetición, pero esta vez fue muy diferente. Un sismo de magnitud 5,1 dejó centenares de heridos y nueve fallecidos, entre ellos dos mujeres embarazadas y un niño de 13 años. «Tuvimos que dar gracias a Dios porque creíamos que iban a ser muchas más las víctimas mortales», señala Luis Gomariz en la entrevista.  Y apostilla que «dejó muchas secuelas y otros murieron después». El propio sacerdote sufrió un ictus a los dos meses del que se ha podido recuperar parcialmente.

Han pasado diez años y a sus vecinos aún les cuesta hablar del tema.  En el caso de Lorca la escasa profundidad a la que se produjo el temblor principal, 1,5 kilómetros bajo la ciudad, y la directividad que provocó el ‘agolpamiento’ de todas las ondas sísmicas en una misma dirección hacia el barrio de La Viña, multiplicaron el potencial destructivo del seísmo de 5,1 de magnitud.

Un suceso presente en todos los medios nacionales e internacionales durante muchos días.

Tras el terremoto se derribaron 1.798 viviendas en Lorca. Una década después todos los edificios se han reconstruido. A partir de ese momento, del 11 de mayo de 2011, se cambió la forma de construirlos. Ya no se usa el denominado pilar enano, por su escasa resistencia sísmica.

La recuperación ha costado al Estado más de 800 millones de euros, de los cuales 450 corresponden al Consorcio de Compensación de Seguros, que llegó a registrar 32.700 solicitudes de indemnización tras la catástrofe.

Casi 80 millones han servido para darle al valioso patrimonio histórico dañado de castillos, palacios, monasterios, conventos e iglesias medievales, renacentistas y barrocas un nuevo esplendor que también ha llegado a históricos edificios civiles como teatros y ateneos.

Los monumentos restaurados contrastan con el declive del casco histórico, que resultó también muy afectado y que es la única asignatura pendiente de la reconstrucción, cuya solución se fía ahora a los fondos europeos Next Generation para la reconstrucción económica tras la pandemia del coronavirus.

Toda España recordará siempre el terremoto de esta localidad, pero también a sus vecinos porque con su fortaleza han vuelto a tener la ciudad que merecen.

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