«Conozco a muchas mujeres y hombres que están dispuestos a trabajar en el campo y no pueden»

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Ibu es senegales y lleva una década trabajando en el campo. Desde hace 4 años es capataz y se encarga de coordinar a los trabajadores para organizar qué parte del campo les toca trabajar a cada uno diariamente. Cuando se decretó el estado de alarma, acudía a trabajar junto con otros compañeros en furgoneta, como lo hacen siempre, pero al no poder acudir más de tres pasajeros por vehículo ya no salía rentable y ahora lo hacen en autobús donde con mucha probabilidad tampoco puedan respetar las medidas de distanciamiento social que nos están pidiendo las autoridades sanitarias, pero, esto, en el campo, como en muchos otros sectores, es difícil de llevar a rajatabla.

Como ya se venía advirtiendo desde que empezara esta crisis, el sector de la agricultura necesita más mano de obra para poder sostener este ritmo y que no entremos en la psicosis del desabastecimiento. También nos lo confirma Ibu, <<hay muchísimo trabajo, demasiado, y están pidiendo por todos lados a gente para trabajar>>.  El Real Decreto-Ley aprobado por el Consejo de Ministros el pasado martes permitirá trabajar en el campo a ciertos sectores de inmigrantes pero no a todos,  excluyendo a dos grandes grupos que también sostienen este sector para que no decaiga, nunca. El decreto excluye del permiso de trabajo a los solicitantes de asilo que llevan menos de seis meses en España y que, por tanto, no tienen permiso para trabajar y también a aquellas personas cuya situación esta pendiente de tramitación administrativa. Unas condiciones que sí se contemplaban en el borrador del Decreto y que finalmente se descartaron. Ibu conoce a muchos amigos y compañeros que se encuentran en esta situación, <<amigos que llevan 10, 14, 16 años aquí y no tienen permiso de trabajo. Muchas mujeres y hombres que están dispuestos a trabajar y no pueden>>.

El Real Decreto sí concede, por el contrario, la autorización de trabajo para los jóvenes migrantes de entre 18 y 21 años que cuenten con permiso de residencia pero no de trabajo. Aunque Ibu está de acuerdo con esta medida insiste en que no es suficiente ya que este colectivo es minoritario <<muchos no quieren ir a trabajar porque están estudiando pero sí hay muchas personas de más edad que quieren ir y no pueden>>. Más allá de estos permisos puntuales debido al Coronavirus, la imposibilidad de trabajar  lleva a muchas personas migrantes a hacer lo imposible por conseguir un contrato de trabajo. Ibu nos cuenta que muchos compañeros han pagado hasta 20.000 euros por un contrato de trabajo y han sido estafados. Ya se sabe que siempre hay quien consigue sacar partido de la precariedad y la total indefensión.

Desde que Ibu empezara a trabajar hace 10 años nunca ha experimentado una subida en su salario, tampoco ahora. <<Trabajar allí es muy duro, para todo el mundo, durísimo>> pero a pesar de la dureza de su trabajo se muestra muy satisfecho <<por poder hacer llegar alimentos a todas las familias que lo necesitan, por poder tener alimentos frescos y poder comer todos los días>> y se alegra también <<porque ahora todo el mundo está reconociendo el trabajo que hacemos en el campo>>. Esperemos que el reconocimiento social que esta brotando estos días tenga repercusiones positivas para Ibu y para los cientos de trabajadores migrantes que, como él, se dejan la piel para poder alimentar a sus familias y poder alimentarnos a todos.

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